domingo, 22 de mayo de 2016

Testamento de Beethoven (fragmento)




«…Nacido con un temperamento ardiente y activo, susceptible aun de los deleites de la vida social, he tenido que apartarme prematuramente de los hombres para llevar una vida solitaria … ¿cómo podría haberme resignado fácilmente a la debilitación de un sentido que tenía para mí un valor mucho más alto de que podía tener para otro cualquiera…? ¡Oh, no me era posible tolerarlo! Perdonadme, pues, si vivo apartado de vosotros, cuando mi gusto sería compartir vuestra compañía. Mi desgracia es doblemente dolorosa, viendo que es el motivo de que no se me comprenda. No puedo encontrar goce en las relaciones humanas, ni en las conversaciones, ni en las mutuas efusiones con mis semejantes. Debo de vivir en la soledad más espantosa. Cuando me acerco a una tertulia me sobrecoge el angustia de que puedan advertir mi sordera… ¡qué humillación para mí cuando alguien escuchaba a lo lejos una flauta, cuyas notas yo no podía oír, cuando no podía escuchar el canto del pastor que otros lograban oír! Estas desgracias me llevaron al borde de la desesperación.


¡Oh Dios, que ves en el fondo de mi corazón, que sabes de mi amor hacia los semejantes y el anhelo que tengo de hacer bien! Los que algún día leáis esto, pensad que habéis sido injustos conmigo y que el hombre que parecía tosco y rudo fue un desgraciado que, a pesar de todas las trabas de la naturaleza, hizo cuanto pudo para ser digno de la alta misión del artista y del hombre…»

Ludwig van Beethoven

domingo, 15 de mayo de 2016

El trabajo y la voluntad de Bach




Sorprendía a cuantos le veían. Una maravillosa mezcla de grandeza y humildad irradiaba de su entorno. Demasiado inteligente para no reconocer su genio, no le concedía importancia. Creía que estudiar profundamente bastaba para hacer de todo hombre un músico como él. «si te esfuerzas como yo – solía decir a sus alumnos -  podrás tocar tan bien como yo».

Pequeña crónica de Ana Magdalena Bach, siglo XVIII

domingo, 27 de marzo de 2016

La estética musical desde la antigüedad



«Como bien sabemos, para los teóricos que se alineen sobre la vía trazada por Zarlino, la naturaleza representará siempre la fuente de toda legitimidad, mientras que las leyes de la armonía serán tales porque se pueden extraer ágilmente de ese gran libro, abierto a cuantos lo saben leer, que es la naturaleza. Este libro se ha escrito –como decía Galileo- en la «lengua matemática»; de aquí que el teórico de la naturaleza pueda recabar, tras la atenta observación de la naturaleza, las leyes eternas que regulan el mundo de los sonidos. Por lo visto, Zarlino, a través de la división matemática que llevó a cabo del espacio sonoro comprendido en una octava (1/2), individualizó la división armónica fundamental, es decir: la tercera mayor que corresponde a la relación de 4/5; la tercera menor que corresponde a la relación de 5/6, y la quinta que corresponde a la relación de 1/3. Estos intervalos son consonantes, produciendo tal impresión en nuestro oído a causa de que guardan correspondencia con una división matemática de escala. Ahora bien, esta primera e importante aproximación a la armonía, por medio de la individualización del acorde perfecto mayor como su fundamento, no es más que el primer paso hacia ulteriores deducciones que abrirán el camino a implicaciones mucho más relevantes en el plano musical»

E. Fubini

domingo, 22 de noviembre de 2015

22 de noviembre Día internacional de la Música




«La  música expresa lo eterno y lo ideal. No se refiere a la pasión, el amor o la desesperación de tal o cual individuo, sino a la pasión, al amor y a la desesperación en sí »

R. Wagner

sábado, 26 de septiembre de 2015

Un compositor de melodías



Félix Mendelssohn Bartholdy, nació en Hamburgo el 3 de febrero de 1809 y murió en Liepzig el 4 de noviembre de 1847. En esta última ciudad había nacido Beethoven en 1770. Mendelssohn era hijo de un banquero y nieto de un filósofo. Compositor, director de orquesta y de formación universitaria, es uno de los románticos más significativos. Sus obras más conocidas son “Sueño de una noche de verano”, “Romanzas sin palabras” y “Sinfonía italiana”.
Félix Mendelssohn expresa en esta carta lo que significa para él la melodía de una música. Leela despacio.

«La gente se queja a menudo de que la música es demasiado ambigua, de que los pensamientos que suscita cuando se escucha no son claros mientras que todo el mundo entiende las palabras. Para mí sucede exactamente lo contrario, no sólo en cuanto a un discurso completo, sino a cada una de las palabras; también estas parecen igualmente vagas, igualmente sujetas a equívocos respecto a la música genuina, la cual llena el alma de millones de cosas, mejor que las palabras. Los pensamientos que expresa la música que yo amo no son demasiado indefinidos para ser expresados con palabras, antes al contrario, demasiado definidos. De suerte que me doy cuenta de que, en todos los esfuerzos para expresar tales pensamientos, algo resulta ajustado, pero que, a la vez, algo falta en cada uno de aquellos. Si me preguntan qué pensaba cuando escribía, yo les respondo: sólo la canción tal como está. Y si se diera el caso de que se me hubiera ocurrido determinada letra para cualquiera de estas canciones, jamás desearía comunicarla a nadie, porque las mismas palabras no significan siempre lo mismo para individuos distintos. Sólo las melodías pueden significar lo mismo, puede suscitar los mismos sentimientos tanto en una persona como en otra, unos sentimientos que, sea como fuere, no son expresados por las palabras mismas».

Fragmento de una carta de F. Mendelssohn dirigida a M. A. Souchay, octubre de 1842.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Música y Arte


La música es el arte por excelencia,  superior a todos los demás en lo concerniente a su capacidad expresiva. La música es el lenguaje primigenio de los sentimientos; en esto radica su privilegio si se la compara con otras artes. El sentimiento no nos representa la emotividad personal sino más bien con respecto al intelecto del órgano privilegiado de acceso a los secretos más íntimos del mundo, a la esencia de las cosas y al mismo Dios. No hay ningún otro arte, a excepción de la música que éste sea de por sí, tan lleno de espíritu celestial.

W. H. Wackenroder